Navidad
Bueno ayer fue Navidad. El único día que no me da lata ir a tirar la basura es el 25 de diciembre. De hecho me encanta tirar la basura. El año pasado vi que le regalaron a algún vecino una Playstation 3, alguien recibió algunos muebles y habían algunas cajas de juguetes para armar algo genéricos, a medio camino entre el Lego y el Meccano.
Este año parece que fue algo más austero, habían cajas de accesorios para la Nintendo DS, más juegos genéricos (casi siempre de construcción, nunca pasa de moda) y muñecas que el año pasado también hicieron acto de presencia en la basura, las cajas no las muñecas. Puede parecer un poco enfermizo, pero la verdad es que me lo paso bastante bien mirando las cajas que aparecen en la basura la mañana siguiente de Navidad. No es que piense en “la hermosa ilusión que habrá traído cada regalo”, al contrario, pienso en el niño que recibió la Playstation 3 y que habrá dicho “bah, me lo merezco… a buenas horas llega” o la cara de desilusión del otro al encontrarse con ese Lego/Meccano en lugar de la Playstation 3. No creo que todos los niños sean así de repelentes, pero es divertido pensar eso que después de todo, mucho sentimiento bondadoso habrá en el aire, pero a la hora de abrir los regalos, los sentimientos más superficiales salen a flote.
Sin ir más lejos, cuando nos empezamos a repartir regalos en la casa de la Esther, vi entre los regalos unas cajas de Massimo Dutti, la tienda de moda otoño/invierno por excelencia para el hombre que viste de camisa. Para mis adentros decía “Dios, por favor que ninguna de esas cajas sea para mí… una camisa no” pero por otro lado me decía “la Navidad se trata de dar y recibir, el sentimiento de pensar en los seres queridos es lo que importa”… ya, ya… estuve un buen rato practicando una mueca de agradecimiento hasta que me di cuenta de que ninguno de los regalos del señor Dutti iban para mí. Viva por mi persona, y hurra por mi cuñada, que tuvo el buen gusto de no regalarme algo que no iba a usar. Que sucio superficial soy… pero un momento, olvidamos la otra parte: Yo seré un superficial que estaba preocupado por el hecho de si era una camisa o no lo que iba a recibir, en lugar de estar feliz por recibir un regalo y estar con los seres queridos en Navidad y bla, bla, bla… pero ¿Y mi cuñada? Mi cuñada sí que merece un respeto, ya que fue más allá de la superficialidad de cumplir con el trámite de hacer el regalo cuando toca. Ella jamás haría algo así, y por supuesto que esa noche no lo hizo, ella se preocupó de no traerme un regalo genérico para el hombre a la moda (que rara vez lo estoy) y tuvo la delicadeza de averiguar qué era lo que yo necesitaba, preguntó discretamente, lo buscó y me lo regaló. Mi cuñada es alguien a quien yo, como un superficial interesado en lo material, no merezco. Salud por ella y viva su detalle, me regaló un momento de su tiempo para pensar en mí.
Por cierto, hablaba de las cajas de muñecas en la basura antes y comentamos algo al respecto. Antes las muñecas parecían… uhm… niñitas o niñitos, eran con caritas (un poco cursis a veces) dulces, con sonrisas y mayoritariamente apelando al instinto maternal de las niñas. Ahora las muñecas que vimos, una iba de enfermera pero parecía más bien una stripper disfrazada de enfermera (doctora, me siento muy mal y necesito mi… medicina), todas con tops cortos y pantalones ajustados, los ojos pintados con sombras gigantes e intensas, pestañas alargadas hacia el infinito y cabelleras decoradas con reflejos multicolores… en resumen que las muñecas van cada vez más de putones. No es una crítica de un viejo desactualizado, es sólo una observación que me llamó la atención y que todavía no se me ocurre una buena teoría como para poder explicarlo.
Ayer comimos en nuestro depto, cociné yo y para eso le encargué previamente a un gran amigo, maestro cocinero, amo del pescado (necesariamente ya que su restaurante es de Sushi) si podía pedirle a su proveedor que trajera pescado. Amablemente me lo encargó y me encontré al día siguiente con una cantidad pantagruélica de pescado. El impacto mayor fue la cabeza de Rape que me pidió para hacer el caldo… la podría haber guardado y tenía máscara para el próximo Halloween, que bicho más grande… ya sabía que era feo, pero en tamaño jumbo es más horrible aún. Contemplad.
Mi suegra, que es de tierra de pescadores (y del mismo sitio de donde llegó este bicho, Vigo) me limpió el pescado, tarea que me hubiera sido imposible hacer, ella es quien sostiene la cabeza del animal, que si me dicen que los pescados que rodean Chernobyl son así, me lo creo.
La comida quedó bastante buena, tengo que decir, aunque me salió demasiado caldo, lo que no es de extrañar con la cantidad de material que tenía para hacer ese caldo. Evidentemente sobró…
Feliz Navidad.
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