Habilidades futboleras
Soy fan del fútbol. Eso lo sabe casi todo el que me conoce y en especial la Esther que sufre cada fin de semana cuando juega el Barça el tener que aguantarme desaparecer estrepitosamente de la casa a ver el fútbol o verme pasar noches despierto para ver jugar a la selección chilena a horas imposibles (maldito desfase horario).
Bueno, evidentemente también me encanta jugar al fútbol, aunque mis habilidades con los pies son más bastante limitadas. Resulta que siempre he jugado como arquero/portero, posiblemente en un comienzo por no ser el más hábil, pero con el tiempo mi gusto por el puesto ha sido por una fascinación hacia la figura del arquero en particular. Es el jugador que viste diferente, el que carga con la responsabilidad, la última barrera a superar, quien finalmente puede gritar ¡no pasarán!. Es un puesto terriblemente cruel, que sólo es comparable con el árbitro sólo que este último tecnicamente no juega. El paso de heroe a villano es muy rápido y fácil de dar, ya que a diferencia de con el resto de los jugadores, está en cometer un sólo error. No sé… cuando chico, todo el mundo quería ser delantero, si no lo lograba (porque un equipo no puede tener 20 delanteros), elegían cualquier puesto que le permitiera subir y marcar un gol: Todos querían la gloria del gol. Pero ¿Por qué no buscar la gloria frustrando los deseos de otros? Pues de eso se trata ser arquero. Es la venganza ante el matón, el creído, el que no para de presumir, esa imagen de ese niño que está en todos los barrios y del que todos sufrimos porque él es el bueno para la pelota (o el dueño de ésta en otros casos, pero generalmente este último es malo). Me encanta jugar al arco, lástima que a veces tenga tardes lamentables y termine como el arquero villano que toca ser.
La cosa es que lo anteriormente descrito no significa que no me guste jugar en otros puestos alguna vez. Pasa que con tanto tiempo de experiencia con las manos, con los pies uno se vuelve un poco más torpe de lo habitual. Pero, alegría alegría, la solución a este inconveniente llegó de la forma más inesperada. Resulta que, trabajando en un laboratorio de investigación en la universidad dedicado a temas informáticos, no es que hayan muchos atletas ni deportistas de habilidades acrobáticas, más bien lo contrario (me incluyo). Y hemos comenzado a jugar fútbol todas las semanas, lo cual es perfecto… en el país de los ciegos, el tuerto… bueno más bien el tuerto con visión de un 10% en el ojo bueno es el rey… uhm… mejor un noble cualquiera. Quiero decir que, por fin me vuelvo a sentir habilidoso y no culpable con mis compañeros por perder una pelota, fallar un gol cantado o cabecear con la precisión de como si tuviera la punta un lápiz como cabeza. ¡Todos son tan buenos como yo! ¡Incluso hay peores! Que lindo es el fútbol.
