Feliz Navidad
Llevo eones sin escribir, y eso es básicamente por dos razones: Una porque no suelo escribir muy seguido y dos, porque ahora tengo una niña que ocupa la mayor parte de mi tiempo. De hecho no he escrito nada desde antes que Sibil·la naciera, y bueno, eso… que el 12 de noviembre, a las 15:40 de la tarde, llegó al mundo la niña más preciosa que he visto jamás… y no digo esto porque yo sea el padre… que lo soy.
En fin, del parto puedo contar que fue largo, muy largo. Casi 12 horas en el hospital, en un proceso que empezó oficialmente a las 4 de la mañana, pero que técnicamente ya llevaba desde las 5 de la tarde del día anterior cuando empezaron las contracciones de Esther. Ahora me parece todo tan lejano, como si esto hubiera pasado hace mucho tiempo, y lo cierto es que sólo ha pasado un mes y medio. Esther quedó bastante maltrecha del parto (fue parto natural, pero necesitaron ayuda de fórceps, aparatos que a mi me parecen terroríficos) y seguramente toda la experiencia vivida en el hospital se convertirá en esos relatos que se repitan una y otra vez, sobre todo cuando Sibil·la se vaya haciendo mayor y al mismo tiempo se vaya cansando de escuchar una y otra vez la misma historia.
Ahora es una niña muy inquieta, pero muy inquieta, y no lo digo yo como padre primerizo que se sorprende de cualquier cosa, ya lo dicen las pediatras (lo cual me tranquiliza porque quiere decir que no soy un exagerado), y aunque los dos últimos días ha empezado a dormir mejor, las noches han sido un festival de llantos y gritos porque la pobre sufre de cólicos. Es para morirse de pena ver como se siente mal del estómago y grita mientras cierra sus diminutos puños y levanta los brazos mientras junta las rodillas. Cuando está más tranquila, abre los enormes ojos que tiene y se pone a mirar todo lo que hay alrededor. Desde la tercera semana que empezó a seguir con la vista las formas que apenas podía distinguir delante de ella, y ahora pareciera que se da cuenta de más cosas todavía: Se lo pasa mirando como si no quisiera perderse ningún detalle, intentando entender qué es cada cosa, y quienes son esos señores que la toman en brazo a cada rato. Eso sí, si hay algo que le frustra, es no poder moverse, porque es dejarla acostada y empieza a mover las piernas y brazos a ver si se levanta, se gira, rueda, o gatea.
Mañana será la primera Navidad de Sibil·la, esta noche será su primera cena de Navidad (su menú dice que tendrá de aperitivo leche materna, acompañada con un poco de leche materna y de postre… leche materna), recibirá sus primeros regalos navideños (regalos en general tiene un montón ya) y presenciará por primera vez el ritual de darle palos a un tronco para que cague regalos.
Bueno, feliz Navidad.
